ISSN VIRTUAL: 2708-0315
ISSN de enlace (ISSN-L) Impreso: 2225-8787
Revista Ciencia, Tecnología e Innovación.
Todos los derechos reservados.
Barreras para salir de la Violencia de Género en Relaciones de Pareja:
Percepción desde las Defensorías de las Mujeres.
Ivonné Choque Arando y Andrea Gutiérrez García
Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca
(Bolivia) y Universidad de La Rioja (España)
choque.ivonne@usfx.bo y andrea.gutierrezg@unirioja.es
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71
Artículo
BARRERAS PARA SALIR DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO
EN RELACIONES DE PAREJA: PERCEPCIÓN DESDE LAS
DEFENSORÍAS DE LAS MUJERES
BARRIERS TO ESCAPING GENDER VIOLENCE IN
RELATIONSHIPS: PERCEPTION FROM WOMEN’S OMBUDSMEN
Ivonné Choque Arando y Andrea Gutiérrez García
Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca (Bolivia)
y la Universidad de La Rioja (España)
choque.ivonne@usfx.bo
y
andrea.gutierrezg@unirioja.es
Enviado 22 de julio aceptado 7 de octubre
Resumen
E
n este artículo se caracterizan los factores
que obstaculizan a la mujer el salir de la
violencia en las relaciones de pareja, a partir de
la experiencia del personal técnico (abogados/
as, psicólogos/as y trabajadores sociales) de las
defensorías de la mujer (públicas y privadas)
de la ciudad de Sucre (Bolivia). Se utilizó para
ello metodología cualitativa, en concreto, se
aplicó la técnica de entrevista en profundidad
para la recolección de la información, y se
analizaron los discursos utilizando el programa
NVIVO12.
Las barreras, a percepción de informantes clave,
pueden clasificarse en 4 categorías, a saber: a)
El sistema patriarcal que, en sus instituciones,
ejercen la violencia estructural y reproducen
formas de discriminación y re victimización
hacia las mujeres que denuncian hechos de
violencia; b) El machismo, que está presente
en todas las formas de relación y naturaliza
la violencia; c) La dependencia económica y
emocional que presentan las mujeres hacia
sus agresores y d) La inexistencia de redes
sociales y familiares de apoyo efectivo para
mujeres que viven en situación de violencia.
Todos ellos son factores que obstaculizan a la
mujer para que salga de la relación abusiva,
y contribuyen a perpetuar una cultura de
inequidad y naturalización de la violencia.
Palabras clave
Sistema patriarcal - violencia de género - redes
de apoyo – Derechos Humanos – protección.
Abstract
This article characterizes hindering factors
against women when escaping violence in
partner relationships, based on the experience
of technical staff (lawyers, psychologists and
social workers) of ombudsmen for women
(public and private) of the city of Sucre
(Bolivia). This study followed a qualitative
methodology, specifically, the in-depth
interview technique to collect information, and
speeches were analyzed using the NVIVO12
program.
Barriers, as perceived by key informants, can
be classified into 4 categories, namely: a)
The patriarchal system that, in its institutions,
practices structural violence and reproduces
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Artículo
forms of discrimination and re-victimization
against women who report acts of violence;
b) Machismo, which is present in all forms
of relationships and naturalizes violence; c)
The economic and emotional dependence
that women have towards their aggressors
and d) Lack of family and social networks
for effective support to women who live in
violence situations. All of these factors are
obstacles encountered towards women in the
effort to escaping abusive relationship, and
contribute to perpetuate a culture of inequity
and naturalization of violence. Likewise, they
tend to perpetuate a culture of inequity and
naturalization of violence.
Keywords
Patriarchal system – gender violence – support
networks – Human Rights – protection.
Introducción.
El fenómeno de la violencia contra la mujer,
en el ámbito de las relaciones de pareja, no es
un hecho reciente, sus orígenes se remontan
a tiempos remotos. Durante muchos siglos, la
violencia de género emergía como consecuencia
del dominio masculino por tradición y cultura,
es decir, como resultado de reglas, normas
establecidas y tradiciones, desarrolladas por
diferentes filosofías, políticas, religiones
y culturas, que, arrollando los Derechos
Humanos, pretendían convertir a la mujer en
un objeto al servicio del varón. Con el paso del
tiempo, estas normas se fueron convirtiendo en
algo asumido dentro del entorno familiar y en
las relaciones de pareja, ya sea en el noviazgo
o el matrimonio, y es que en muchas culturas
la masculinidad y el poder están vinculados
a la capacidad de proteger y dar sustento a la
familia. Por lo que, tal como señala Federeci
(2004a), “las mujeres siempre fueron tratadas
como seres socialmente inferiores, explotadas
de un modo similar a formas de esclavitud”
(p.24) y esta realidad ha sido y es vivida por las
mujeres en el contexto de las instituciones del
Estado, la sociedad y a nivel familiar.
En el siglo XII, la familia como institución,
adquiere una importancia clave, pues aseguraba
la transmisión de la propiedad y la reproducción
de la fuerza de trabajo. En este contexto, se
inicia el registro demográfico y la intervención
del Estado en el control de la sexualidad, la
procreación y la vida familiar. En la época de
la colonia, en América, se diseñó un modelo
de amor conyugal, basado en normas morales
dictadas por la Iglesia Católica, por lo que el
sacramento matrimonial debía ser indisoluble,
eterno y sobre todo monógamo. El divorcio era
casi impensable en el modelo del matrimonio
cristiano, sus fines eran la: “ayuda mutua y
la convivencia conyugal, que culminaba en la
fecundidad de la pareja, la crianza, protección y
amor a los hijos” (Dávalos, 1994, p.159).
El siglo XIX, denominado también siglo
liberal, los llamados liberales de esa época,
quienes a la vez eran políticos, juristas y
literatos, se dieron a la tarea de escribir sobre
temas que iban desde las obligaciones y deberes
de un buen Gobierno, hasta la igualdad o no
que debería existir entre los hombres y mujeres;
también escribieron novelas para educar a
la población, con la intención de instruir y
deleitar, y buena parte de estas obras estaban
enfocadas a la descripción de los roles que
deberían desarrollar los hombres y las mujeres
en el matrimonio; sus responsabilidades y
sus obligaciones, derechos, permisibilidades
y tolerancias que se hallan escritos en un
discurso normativo que fue impuesto por
ambos (Dávalos, 1994, p.166). La idea que
transmitía era que cada uno de los cónyuges
tenía un rol específico a desempeñar, que más
que a voluntad de ambos sexos, se debe a un
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rígido sistema moral que predomina hasta
nuestros días.
Hacia a fines del siglo XIX, factores como
la industrialización, la urbanización, o la
inmigración, contribuyeron al surgimiento
de nuevas problemáticas sociales y a la
intensificación de los existentes. A comienzos
de los años 60, la violencia familiar contra
la mujer comenzó a visibilizarse como un
problema social grave, es entonces cuando
algunos teóricos comenzaron a escribir sobre
el síndrome del niño golpeado y el surgimiento
de los medios de comunicación contribuyó a la
conciencia pública sobre el problema. En los
años 70, la creciente influencia del movimiento
feminista, resultó fundamental para comprender
las causas y efectos de la violencia en la familia.
Antes de abordar la magnitud de la
problemática de violencia contra la mujer
en las relaciones de pareja, es preciso hacer
referencia al significado de la palabra
género, que, según Beauvoir (2015), “es una
construcción cultural sobre el sexo, esto es,
que la feminidad y la masculinidad son formas
de ser mujer u hombre determinadas por la
cultura y la sociedad” (p. 27). En tal sentido,
se marca una polarización de lo que significa
ser varón y mujer, originando estereotipos
rígidos que condicionan los roles que se deben
desempeñar en la sociedad, y que por tanto
limitan las potencialidades humanas. La norma
social, que es asumida y manejada por los
mismos varones y mujeres, establece que hay
que ajustarse a comportamientos “adecuados”
al género respectivo. El incumplimiento de
estos mandatos, da origen a situaciones como
la violencia que es ejercida contra la mujer,
como una herencia que se transmite entre los
y las integrantes de la familia, con diferentes
variables que la constituyen (maltrato físico,
psicológico, sexual y /o económico), por lo que
es importante comprender que la relación de
maltrato abarca toda la integridad personal de
quienes la viven (García, 1994).
Ahora bien, para contextualizar la violencia
contra la mujer conviene tener claro cómo
surge el concepto de violencia contra la mujer,
este se remonta a las resoluciones aprobadas
por la Asamblea General de las Naciones
Unidas, la primera en 1979 y la segunda 1993,
conocida con el nombre de “Declaración sobre
la eliminación de la violencia contra la mujer”.
A los efectos de la presente Declaración, por
“violencia contra la mujer” se entiende:
Todo acto de violencia basado en la pertenencia
al sexo femenino que tenga o pueda tener
como resultado un daño o sufrimiento físico,
sexual o sicológico para la mujer, así como
las amenazas de tales actos, la coacción o la
privación arbitraria de la libertad, tanto si se
producen en la vida pública como en la vida
privada (Asamblea de las ONU. Resolución
48/104 del 20 de diciembre de 1993).
Del mismo modo, la IV Conferencia
Mundial sobre la Mujer, que se celebró en
Beijín en 1995, definió la violencia contra la
mujer como:
Todo acto de violencia basado en la
pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda
tener como resultado un daño o sufrimiento
físico, sexual o psicológico para la mujer, así
como las amenazas de tales actos la mujer, la
coacción o la privación arbitraria de la libertad,
tanto si se producen en la vida pública como en
la vida privada.
Según la Organización Mundial de la Salud
(OMS), la violencia de género es: “cualquier
acto o intención que origina daño o sufrimiento
físico, sexual o psicológico a las mujeres.
Incluye las amenazas de dichos actos, la
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Artículo
coerción o privación arbitraria de libertad,
ya sea en la vida pública o privada”. Otero y
Fondo (2019) sostienen que la “violencia de
género es aquella que se ejerce sobre la mujer
por el específico hecho de serlo y es el resultado
del desequilibrio de poder entre ambos sexos”
(p.1116).
En consecuencia, la violencia contra la
mujer surge del poder y control que otorga al
hombre del sistema patriarcal, que fortalece la
desigualdad entre hombres y mujeres
(Dávila,
1996; Federeci, 2004; Lagarde, 2005; Tonsing y
Tonsing, 2017; Velzeboer et al., 2003)
con el fin
de lograr y mantener la sumisión-inferioridad y
obediencia femenina, para limitar su autonomía
como persona
(Beauvoir, 2015; Bosch et
al., 2006). Se
ha identificado que cuando las
mujeres se comportan de forma distinta a los
roles y estereotipos de género establecidos
por la sociedad, aumenta la probabilidad de
que sean violentadas (Álvarez et al., 2018).
Las familias con una estructura basada en el
patriarcado normalizan la violencia hacia las
mujeres, promueven la subordinación de estas
y las infantilizan (Namy et al., 2017).
Según Lagarde (1994), el patriarcado es:
Un orden de poder, un modo de dominación
cuyo paradigma es el hombre. Y está basado en
la supremacía de los hombres y de lo masculino,
sobre la inferiorización de las mujeres y de lo
femenino. Es así mismo un orden de dominio
de unos hombres sobre otros y de enajenación
entre las mujeres (p.397).
El fenómeno cultural del machismo,
basado tanto en el poder masculino como en
la inferioridad y en la discriminación de las
mujeres producto de su opresión (Lagarde,
2005) asigna gran importancia a la dignidad
del individuo, la cual “se manifiesta como
una hipersensibilidad que lleva al hombre a
interpretar casi cualquier comentario como
un insulto” (Lara, 1994, p.324). Es así que
un porcentaje considerable de los hombres
machistas justifican sus acciones de violencia,
por el consumo de alcohol y otras drogas que les
estimulan, les dan seguridad o desinhiben. De
este modo, el alcoholismo se constituye como
un elemento estructural de las masculinidades
más agresivas y dañinas.
La problemática de la violencia contra la
mujer en las relaciones de pareja (noviazgo o
matrimonio), ha adquirido connotaciones a
escala mundial, y ha puesto en evidencia las
consecuencias devastadoras que tiene para las
mujeres y su familia. Las evidencias indican
que las mujeres maltratadas tienen problemas
psicológicos que pueden ir de moderados o
graves, destacando entre los más frecuentes
la sintomatología depresiva, los trastornos de
ansiedad, la disminución de la autoestima, el
estado de ánimo deprimido, ansioso o trastorno
de estrés postraumático (TEPT). Además, estas
secuelas no solo afectan a la mujer que es
víctima de violencia, sino aquellos/as personas
que fueron testigos de este tipo de hechos,
generalmente los hijos e hijas, de ahí que en
algunos Estados ya se les considere víctimas
directas (Delara, 2016; Echeburúa y de Corral,
2015; Echeburúa y de Corral, 2005; Lara-Caba,
2019; Vargas-Murga, 2017).
El maltrato a la mujer por parte de su pareja se
presenta en forma cíclica y reincidente. Puede
durar muchos años y a medida que pasa el tiempo
las agresiones aumentan, se tornan más graves
y frecuentes, e inclusive puede terminar con el
asesinato de la mujer (feminicidio). De acuerdo
a la teoría del ciclo de la violencia descrito
por Leonor Walker en 1979 cada episodio
de violencia, por lo general, se manifiesta en
tres fases (acumulación de tensión, crisis y
arrepentimiento cariñoso), siendo esta última
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cada vez más corta hasta llegar a desparecer,
siendo la fase de agresión más frecuente
(Walker, 2012). Asimismo, Echeburúa y Corral
(2015) y Dutton y Painer, (1993) afirman que la
mujer que ha sido afectada por la violencia de su
pareja, frecuentemente desarrolla sentimientos
de culpa, aislamiento social y dependencia
emocional hacia el maltratador. En la misma
línea, Ellsberg et al. (2008) y Golding (1999),
también han descrito tendencias suicidas
por parte de la mujer y el abuso de alcohol y
drogas; así como de fármacos como forma de
afrontamiento inadecuada para hacer frente a
los problemas (Echeburúa y Corral, 2015).
A partir de la Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
Contra la Mujer (Belem Do Para, 1994), el
Estado Boliviano, con la participación de la
sociedad civil, ha tomado diferentes medidas a
favor de la mujer, entre las que se puede indicar:
la aprobación de la Ley 1674, “Ley contra la
violencia en la familia o doméstica”, que fue
aprobada el 15 de diciembre de 1995 tras un
largo proceso de concertación y consulta. En
el año 2013 esta Ley fue derogada por la Ley
N° 348 “Ley integral para garantizar a las
mujeres una vida libre de violencia”, que fue
promulgada el 9 de marzo de 2013, y que en
líneas generales se constituye en una normativa
más amplia e integral de protección a las
mujeres en diferentes escenarios, como son el
ámbito laboral, familiar, educativo, político y
en la sociedad en su conjunto.
Su finalidad es:
Establecer mecanismos, medidas y políticas
integrales de prevención, atención, protección
y reparación a las mujeres en situación de
violencia, así como persecución y sanción a
los agresores, con el fin de garantizar a las
mujeres una vida digna y el ejercicio pleno
de sus derechos para Vivir Bien (Asamblea
Legislativa Plurinacional, 2013, p.9).
El informe “Estado de Cumplimiento de las
Medidas de Atención y Protección a Mujeres
en Situación de Violencia en el Marco de la
Ley N° 348”, elaborado con el apoyo de ONU
Mujeres, fue presentado por la Defensora del
Pueblo, Nadia Cruz, y refiere que entre el 1
de enero de 2015 y el 31 de marzo de 2018, la
Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia
(FELCV) registró 113.283 denuncias de
mujeres. Según información del Ministerio
Público, los casos abiertos entre 2015 y primer
trimestre de 2018, sumaron 113.269, y de estos
72.916 fueron cerrados o concluidos y 40.353
se encuentran abiertos. Según la misma fuente,
en cuanto al número de casos diferenciados
por “estado del proceso”, se tiene 67.077
causas rechazadas, 26.804 con imputación
formal, 167 con salidas alternativas, 4.221
con causas con criterio de oportunidad, 3.591
con sobreseimiento, 2.608 con procedimientos
abreviados, 6.958 procesos con acusación y
1.284 sentencias condenatorias. El análisis de
estos datos muestra que, del total de procesos
registrados, solamente el 1,13% concluyeron
con sentencia condenatoria (Informe Defensoría
del Pueblo, 14 de febrero de 2019).
En cuanto a los feminicidios, entre 2015 y
marzo de 2018, el Ministerio Público registró
un total de 386 casos; de acuerdo a esta cifra,
Bolivia tendría una tasa de 2,16 feminicidios
por cada 100.000 mujeres. En 2017, se
calcula que cada tres días y medio se reportó
un feminicidio en el país. Hasta septiembre
de 2018, los datos oficiales mostraban 85
feminicidios, cifra que aumentó a más de 120
según la Fiscalía. El análisis de estos datos
muestra que del total de procesos registrados
en el marco de la Ley N° 348 entre las fechas
señaladas, solamente el 1,13% concluyeron con
sentencia condenatoria, los demás, contaron con
sobreseimiento, salidas alternativas, rechazo,
etc. De igual forma, según información del
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Artículo
Ministerio Público de Bolivia, en el año 2019
se suscitaron 117 feminicidios, en el año 2020,
113 y en los dos primeros meses del 2021 se
registraron 24 feminicidios en el país
(Informe
Defensoría del Pueblo, 14 de febrero de 2019).
Estos datos muestran cómo la problemática
de la violencia contra la mujer en las relaciones
de pareja (cónyuge o conviviente) va en
ascenso, y pese a la existencia de normativas
como la Ley N° 348 que, desde la promulgación
hasta la fecha, han transcurrido 8 años y sin
cambios significativos que indiquen que la
violencia contra la mujer se ha ido reduciendo.
Las relaciones inequitativas entre varones y
mujeres, así como la discriminación en todas
las esferas de la sociedad, afecta la condición
de seres humanos y a la vida de las mujeres;
y a este panorama desalentador, se añaden
las medidas de seguridad que tuvo que
implementar el Estado para frenar la pandemia
del coronavirus (COVID19), esto es, medidas
de confinamiento y distanciamiento social,
así como las restricciones de movilidad. Estas
medidas en realidad han generado mayores
riesgos de violencia contra las mujeres y han
creado barreras adicionales a las existentes
para el acceso a las instancias de ayuda
(
López-
Hernández, 2020; Ruiz-Pérez, 2020).
Estos antecedentes demuestran la importancia
de realizar esta investigación que está orientada
a contribuir con información que permita dar
cuenta de los factores que obstaculizan salir a
la mujer de la violencia en relaciones de pareja,
a partir de la experiencia de trabajo del personal
funcionario de las defensorías de la mujer.
Metodología.
El enfoque que se asumió en el proyecto
de investigación fue cualitativo, basado en
lo que señalan Kirk y Miller (1989) de que
“la investigación cualitativa constituye una
tradición particular en las ciencias sociales que
depende fundamentalmente de la observación
de la gente en su propio territorio y de la
interacción con ellos y en su propio lenguaje
y en sus propios términos” (p.2). Este tipo de
investigación permite un acercamiento real a la
subjetividad del ser humano y comprender la
dinámica contextual en la que se desenvuelve.
En tal sentido, el desarrollo de la investigación
tuvo un carácter descriptivo y explicativo y
se enmarcó en el modelo fenomenológico
de la investigación cualitativa porque a)
contribuirá con aportes a nivel teórico con
la sistematización de la información y la
formulación de conocimientos que ayuden
a una elaboración y aplicación efectiva de
las políticas públicas que respondan a las
necesidades y o requerimientos de las mujeres;
b) a nivel práctico, espera contribuir con la
experiencia misma, a partir de la recolección de
datos con los diferentes actores involucrados en
el proceso de la investigación y; c) constituirá
un aporte para las ciencias sociales a partir de
los aspectos metodológicos, porque a partir
de la aplicación de técnicas e instrumentos de
recolección de información permite el rescate
de conocimientos, percepciones y experiencias
de la población objetivo de la investigación.
Los métodos teóricos que se utilizaron para
responder a formas del proceso del pensamiento
y procesamiento de la información fueron
el analítico-sintético, el inductivo-deductivo
y el estudio documental. Las técnicas de
recolección de información que se emplearon
fueron: i) técnicas basadas la observación:
notas de campo, ii) técnicas basadas en la
conversación: entrevistas en profundidad,
dirigida a funcionarios y funcionarias de
las defensorías de las mujer que trabajan en
la prevención, atención y protección de las
mujeres afectadas por la violencia, ya sea
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Artículo
en el espacio familiar o extra familiar, y iii)
técnicas basadas en el análisis de documentos,
a saber: revisión bibliográfica. El uso de estas
técnicas con los diferentes actores permitió la
triangulación de información, y coadyuvó en
un análisis más profundo de la información que
se obtuvo, permitiendo identificar categorías y
subcategorías que explican las causas y efectos,
y posibles soluciones a la problemática de la
violencia de género en relaciones de pareja
(cónyuge o conviviente).
La muestra estuvo conformada por un
total de 24 profesionales, 4 varones y 20
mujeres (directores, abogados/as, psicólogos/
as y trabajadores/as sociales) de equipos
multidisciplinares de defensorías de la
mujer. Específicamente, por instituciones
públicas pertenecientes al Servicio Legal
Integral Municipal (SLIM) de 6 distritos de
la ciudad de Sucre y dos Organizaciones No
Gubernamentales (ONGs), en concreto el
Centro Juana Azurduy y Sayariy warmy del
municipio de la ciudad de Sucre (Bolivia).
La técnica de recolección de información que
se utilizó fue la entrevista en profundidad
con el personal que aceptó participar en la
investigación: 6 abogados/as, 7 trabajadores/
as sociales, 9 psicólogos/as y 2 directores de
ONGs. Estas instancias se constituyen en la
primera puerta de acceso de las mujeres a la
justicia.
Resultados.
Los resultados de la investigación sobre
los factores que obstaculizan a la mujer para
salir de la violencia en relaciones de pareja,
identificados por informantes clave, pueden
clasificarse en 4 categorías referidas a: a) El
sistema patriarcal que en sus instituciones ejerce
la violencia estructural y reproduce formas
de discriminación y revictimización hacia las
mujeres que denuncian hechos de violencia.
b) El machismo, que está presente en todas las
formas de relación y naturaliza la violencia. c)
La dependencia económica y emocional que
presentan las mujeres hacia sus agresores y d)
la inexistencia de redes sociales y familiares
de apoyo efectivo para mujeres que viven en
situación de violencia.
a)
Violencia estructural en instituciones
encargadas de atención y protección a
mujeres que denuncian hechos de violencia.
La violencia estructural en instituciones
encargadas de atención y protección a mujeres
que denuncian hechos de violencia se hace
visible en la ejecución de políticas públicas
que en la práctica son ineficientes, procesos
burocráticos y miopes que desconoce la
realidad social, y económica de las mujeres;
y que paradójicamente las expone a mayor
peligro, en vez de garantizarles seguridad y
protección. De este modo, de una u otra forma
las obliga a continuar viviendo episodios de
violencia e inclusive, como se puede observar
en los fragmentos de historias y testimonios
que brindaron las personas informantes, las
mujeres fueron víctimas de la forma más cruel
de violencia, como es el feminicidio (ver tabla
1).
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78
Artículo
Tabla 1
Violencia estructural
en instituciones encargadas de atención y protección a mujeres que
denuncian hechos de violencia.
Categoría
de análisis
Nivel textual
Frases producidas por el personal de las
defensorías de la mujer
Nivel Simbólico interpretativo
Políticas públicas
ineficientes
“Una de las señoras que ha sido víctima de
feminicidio tenía cuatro denuncias en el
ministerio público y ahí está la cuestionante
de decir ¿Qué pasa? ¿No?, quizás si se le
hubiera brindado la atención oportuna y
correspondiente a esa mujer...se hubiera
evitado ese feminicidio ¿no?” (Abogada).
“En plataforma de fiscalía, hay mujeres que
solo tiene pocos días de impedimento, o sea,
y les dicen ¿solo por eso tú vas a denunciar?”
(Abogada).
*Pérdida de confianza en sistema.
*Leyes que no se efectivizan en
forma integral.
*Insensibilidad de funcionarios.
*Desprotección.
*Feminicidio.
Proceso
burocrático
Ley N°348 punitiva
“La mujer tiene que ir, presentar su denuncia
a la fiscalía y de ahí tiene que trasladarse
al médico forense para que la valore, luego
tiene que volver a formalizar su denuncia y
presentar la prueba inicial para la apertura
del proceso, después esa mujer tiene que ir
FELCV y ahí le asignan investigador, si esta
de turno le va atender, pero en muchos casos
tiene que volver a buscar al investigador...”
(Trabajadora Social).
“La Ley 348 limita harto porque ellas piensan
que con una denuncia sus parejas ya van estar
en la cárcel y es ahí donde dicen ¿pero quién
me va ayudar a criar a mis hijos?” (Abogada).
“Lo que yo veo que es bien compleja la
aplicación de esta Ley, ¿por qué?, porque
choca con la mentalidad de las personas”
(Trabajadora Social).
*Expone a más peligro a la mujer.
*Revictimización.
*Retardación de justicia.
*Abandono del proceso.
*Privilegia lo legal en desmedro
de lo psicológico y social.
*La víctima asume un rol de
objeto y o así de sujeto.
b) Machismo que está presente en las formas
de relación y naturaliza la violencia.
La crueldad de la mentalidad machista se
evidencia en someter, violentar, creerse dueño
del cuerpo y de la vida de la mujer, y para
actuar se escuda en las bebidas alcohólicas y
así dar rienda suelta a su crueldad. Sin duda, el
machismo es el reflejo de la cultura patriarcal,
basada en el domino de poder del hombre
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respecto a la mujer, y tal como señala Lagarde
(1994, 2005), originan los mandatos femeninos
como madres y esposas, que se ha inculcado
a las mujeres, para dominarla, discriminarla y
reducirla a un objeto. Por todo ello, no es de
extrañar el papel que juegan los celos en la
agresión como instrumento de control, para
lograr que la mujer deba obediencia a su pareja
(novio o cónyuge). Una supuesta infidelidad
también es utilizada por los agresores como
elemento de maltrato psicológico y se convierte
en una ocasión idónea para el chantaje y el
control. Todo ello se ve reflejado en los relatos
recogidos en la tabla 2.
Tabla 2
Machismo presente en las formas de relación y que naturaliza la violencia.
Categoría
de análisis
Nivel textual
Frases producidas por el personal de las defenso
-
rías de la mujer
Nivel Simbólico in
-
terpretativo
Cuerpo de la mujer
propiedad del hom
-
bre
Naturalización de la
violencia
“Es... prácticamente es una mujer muy joven y desde
su relación de enamoramiento ha existido violencia y
hasta la fecha por más de que ellos se hayan separado
la violencia continua, porque el padre de su hijo no
acepta la separación, quiere seguir teniendo control
sobre la mujer, entonces existe demasiado hostiga
-
miento, le persigue...” (Abogada).
“Ella pertenece a una población, una comunidad; ha
tenido hijo, tras hijo, tras hijo, que se les da por su cul
-
tura ¿no? ..., las agresiones físicas de su esposo eran
demasiado ¿no? y en esa preventiva nosotros intenta
-
mos apoyarla, sacarla más que todo de este riesgo que
ella mantenía...” (Trabajadora Social).
“Una usuaria recibió un mensaje de celular por equi
-
vocación de un varón y ella indicó que nunca le había
visto, su esposo a raíz de ese mensaje, le empezó a ha
-
cer una escena de celos y se fue a emborrachar, llegó a
su casa... le amenazó con un cuchillo diciéndole que
le lleve a la casa de ese hombre, al ver que no había
esa posibilidad, entonces la viola” (Psicóloga).
“En el trabajo escuchamos frases como: mi mamá
siempre ha aguantado a mi papá porque es hombre
y se le tiene que aguantar, es mi marido y debo yo
aguantar” (Abogada).
“Yo quiero que mi marido cambie, pero no quiero que
entre a la cárcel, porque él me golpea de borracho”
(Trabajadora Social).
*Ciclo de violencia.
*Celos infundados.
*Miedo e inseguridad
*Riesgo su vida.
*Baja autoestima.
*Resignación.
*Consumo de bebidas
alcohólicas para justi
-
ficar la violencia.
*Reproductora del
sistema patriarcal.
*Dependencia emo
-
cional.
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c) Dependencia económica y emocional.
Desde los inicios del patriarcado, los hombres
mantuvieron a las mujeres en estado de
dependencia, detentando todos los poderes y
estableciendo códigos contra ellas (Beauvoir,
2015). Se fue estableciendo la idea que la
mujer necesita ayuda o protección, lo que
implica la situación de pérdida de autonomía.
Como afirma Lagarde (2005), a las mujeres
se nos ha enseñado a tener miedo a la libertad,
a tomar nuestras propias decisiones, a la
soledad. Y el miedo es un gran impedimento
en la construcción de la autonomía de las
mujeres. En consecuencia, la dependencia
emocional hace referencia a la “necesidad
afectiva que sienten las mujeres de sus parejas,
unida a la desconfianza que presentan en sus
potencialidades y posibilidades” (Moriana,
2015, p.92).
El hecho de que la mujer
dependa
económicamente de su pareja, en muchas
situaciones la predispone a no salir de las
relaciones de violencia. Y es que producto
de la dependencia emocional, la violencia
psicológica y la devaluación a la que ha sido
sometida por los agresores, presenta una
autoestima baja y tiene miedo no poder cubrir
las necesidades, no solo de su persona, sino la
de sus hijos e hijas, ya que en muchos casos se
dedican netamente a las actividades domésticas
en el hogar o trabajan en el sector informal
(tabla 3).
Tabla3
Dependencia económica y emocional
Categoría
de análisis
Nivel textual
Frases producidas por el personal de las de
-
fensorías de la mujer
Nivel Simbólico
interpretativo
Dependencia emocional
Dependencia económica
“Yo he aprendido que el grado de dependencia
que las víctimas tienen a sus agresores es algo así
complicado, es algo de años y de un momento a
otro cortar no es fácil” (Psicóloga).
“Una señora ha venido bien maltratada, golpea
-
da, el Slim ha hecho todo lo posible, ha hecho la
intervención necesaria, se ha pedido desalojo de
denunciante, ha pasado una semana y han vuelto”
(Trabajadora Social).
“Según mi experiencia profesional, las causas son
factores económicos, número de hijos, dependen
-
cia total de la pareja y las mujeres mismas por su
forma de pensar” (Psicóloga).
“Ellas piensan que terminando la relación violen
-
ta no va haber otra persona, quién les va poder
apoyar económicamente ¿No? Y los hombres se
aprovechan de esta situación, y ellos les dicen que
no te voy a dar nada, ni nadie me va obligar” (Psi
-
cóloga).
*Ciclo de la vio
-
lencia.
*Miedo e insegu
-
ridad.
*Baja autoesti
-
ma.
*Inseguridad
económica.
*Resignación.
*Condiciones de
pobreza.
d) Inexistencia de redes sociales y familiares
de apoyo efectivo
Las informantes afirman que la inexistencia
de redes sociales y familiares que proporcionen
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apoyo efectivo es una de las principales causas
por las que las mujeres no pueden salir del
ciclo de la violencia, ya que, si bien las mujeres
violentadas cuentan con familia extensa y
amistades, en muchos casos no existe el apoyo
por cuestiones sociales, culturales y económicas.
Tomando en cuenta que la mujer requiere de la
ayuda de otras personas o familiares para cortar
esos lazos traumáticos, que pueden incluso
acabar con su vida, el agresor se encarga de
debilitar estas redes sociales de apoyo aislando
a la mujer de su familia de origen y amistades,
e ir imponiendo una relación basada en el
dominio y la subordinación.
En síntesis, las redes sociales se constituyen
en una fuente potencial, tanto de protección
como de victimización, porque pueden cumplir
roles muy diversos y antagónicos. Es decir,
pueden asumir un papel de aliados del agresor
o de la víctima, pero también pueden asumir
un rol de neutralidad, que en su generalidad
beneficia al agresor (ver tabla 4).
Tabla 4
Inexistencia de redes sociales y familiares de apoyo efectivo
Categoría
de análisis
Nivel textual
Frases producidas por el personal de las defensorías de la mu
-
jer
Nivel Simbólico
interpretativo
Redes sociales que
naturalizan la vio
-
lencia
Raquíticas redes
sociales
“En algunos casos les limitan y les dicen, no denuncies, tú
tienes hijos varones, ellos también pueden estar en esa situa
-
ción” (Trabajadora Social)
“Nosotras pasamos casos que no tienen familiares que puedan
colaborarle, entonces se las ingresa a la casa de acogida ¿no?
es lo que hicimos con la señora, que muchos años sufrió vio
-
lencia por parte de marido” (Trabajadora Social).
“El caso de las mujeres es más difícil porque en las casas de
acogida solo pueden estar tres meses y en casos muy compli
-
cados hasta seis meses, cuando la mujer sale de ahí, no tiene
familia de apoyo, no tiene trabajo, no tiene a dónde ir con sus
hijos” (Psicóloga).
*Cultura.
*Machismo.
*Naturalización
de la violencia.
*Muchos hijos.
*Inexistencia de
redes sociales.
*Casa de acogida.
Discuciones y Conclusiones.
Es evidente que el régimen patriarcal es
la causa principal de la violencia de género
en relaciones de pareja, y que se constituye
en una barrera para salir de la misma porque
efectivamente este está anclado en estructuras
sociales conservadoras, que transmiten mitos
y prejuicios que fomentan la subordinación
de la mujer respecto al varón y naturalizan la
violencia de género. Por lo que la construcción
social jerarquizada de los géneros induce el
ejercicio de poder de unos sobre otros (Cazés
1994; Lagarde, 2005; Lara, 1994; Nogueiras,
en Ruíz- Jarabo y Blanco, 2005), y tal como
señala Beauvoir (2015), los hombres y mujeres
no nacemos: nos hacen y nos hacemos, por lo
que nada está en los genes, sino que responde
a una construcción sociocultural, jurídica y
política.
Los resultados de la investigación muestran
que el Estado, al igual que sus instituciones
protectoras de la violencia de género, no dan
garantías de seguridad, ni confianza a las
mujeres que viven en situación
de
violencia, ya
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que los procesos son burocráticos, agobiantes y
están contribuyendo a la falta de credibilidad y
revictimización de las mismas; contradiciendo
el objeto y finalidad la Ley N° 348,
que es:
Establecer mecanismos, medidas y políticas
integrales de prevención, atención, protección
y reparación a las mujeres en situación de
violencia, así como la persecución y sanción
a los agresores, con el fin de garantizar a las
mujeres una vida digna y el ejercicio pleno de
sus derechos para Vivir Bien (art. 6 Ley N° 348
de 9 de marzo).
Esta realidad coloca en evidencia a un
sistema perverso de opresión, que es legitimado
por el Estado y sus diversas instancias, que
responden en esencia a un régimen patriarcal
(Lagarde, 2005; Requena, 2017). Las mujeres,
que deciden solicitar apoyo para salir de
relaciones de violencia, tienen que
peregrinar
solicitando ayuda de las instituciones, y cuando
estas no responden al clamor de las mismas,
generan desconfianza, miedo y en muchos
casos resignación a vivir en un ambiente de
violencia; y probablemente a ser víctima de las
peores formas de violencia (feminicidio). Por
lo tanto, no es casual que en el país boliviano
se registren niveles muy altos de impunidad
en casos de violencia de género, “impunidad
que proviene de dos aspectos importantes:
la falta de credibilidad en el sistema, que
limita o prácticamente anula la realización de
denuncias, y la falta de una respuesta eficaz del
sistema ante los casos denunciados” (Carrasco,
Padilla y Noya, 2014, p.7-8).
Asimismo, l
a cultura patriarcal ha absorbido el
pensamiento no solo de hombres, sino también
de las mismas mujeres que se constituyen
en entes reproductores del machismo,
reproduciendo representaciones sociales que
asumen posiciones de sumisión, servilismo,
dependencia afectiva, económica (Beauvoir,
2015; Caba et al., 2019; Federeci, 2004;
Lagarde, 1994, 2005; Requena, 2017).
Esta
situación ha permitido que en las sociedades
cada grupo de poder acuerde sus estereotipos
de hombre y mujer, de tal forma que se han
naturalizado roles en función al sistema sexo/
género, y esto ha determinado en las sociedades
actuales, relaciones de poder y dominación
sobre la mujer. Esta jerarquía se hace visible en
la violencia de género en todos los ámbitos del
desarrollo de la vida humana, y sobre todo en
las relaciones de pareja. Como se ha puesto de
manifiesto en la presente investigación, no es
fácil escapar, precisamente por la naturalización
de la misma, pues las mujeres son cautivas del
sistema patriarcal ya que han sido privadas de
autonomía, de independencia para vivir, del
gobierno sobre sí mismas, de la posibilidad de
escoger, y de la capacidad de decidir (Lagarde,
2005). En consecuencia, el cuerpo de la mujer,
puede ser tanto “una fuente de identidad como
una prisión” (Federici, 2004, p.30).
Y si bien la mujer denuncia hechos de
violencia, es generalmente luego de haber
vivido episodios de violencia durante toda su
vida. La naturalización de la violencia que
vivió, tiende a que ella disculpe los hechos
vividos, e inclusive, asuma una actitud de culpa
cuando se trata de restaurar el daño sufrido.
Del mismo modo, algunas mujeres asumen
su situación como sujetos pasivos, creen que
ese es su “destino” o “suerte” como mujer, y
no le queda otra que resignarse.
Empero, es
importante comprender que
la violencia contra
la mujer tiene secuelas funestas en su salud, va
mermando las defensas físicas y psicológicas, y
es común que a medida que bajen las defensas,
los sentimientos de culpabilidad y de vergüenza
de la mujer vayan aumentando, pudiendo
suceder que minimicen, que resten importancia
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o incluso que nieguen la violencia de la pareja
(Matud et al., 2012).
La dependencia económica y afectiva que
la mujer presenta respecto a su agresor tiene
su explicación en los roles de género, que
se refieren a “las prescripciones, normas y
expectativas de comportamientos para hombres
y mujeres” (Lara, 1994, p.317). Esto es,
la
dominación, el poder y el control atribuido a
los hombres; y la sumisión, la dependencia
o la obediencia, a las mujeres (Cazés, 1994;
Lagarde, 1991; Lara, 1994; Nogueiras, en
Ruíz- Jarabo y Blanco, 2005). A la mujer se la
ha preparado para vivir como ser-para-los otros
y ser madres y esposas (Lagarde, 2005). Desde
esta visión, se tiende a disculpar al agresor de
sus responsabilidades, ya que se naturalizan
y patologizan las causas de la violencia; y en
muchas situaciones las predispone a no salir de
las relaciones de violencia.
Por lo tanto, la violencia contra la mujer
es una herencia que se transmite entre los y
las integrantes de la familia, con diferentes
variables que la constituyen (maltrato físico,
psicológico, sexual y /o económico). Por ello, es
importante comprender que cuando una mujer
denuncia un hecho de violencia, ha pasado por
un proceso complejo en el cual ha vivido el
ciclo de la violencia y los efectos perversos del
maltrato (Requena, 2017), que abarca toda la
integridad personal de quienes la viven. Esto
hace que necesiten apoyo y acompañamiento
de sus redes familiares y/o del personal que
trabaja en la atención de esta problemática
para desnaturalizar la violencia. Además, es
importante tomar en cuenta que el ciclo de
violencia y la naturalización de la violencia
que vive la mujer en las relaciones de pareja
debilita las redes sociales de apoyo, dejándola
en muchos de los casos sola, sin apoyo, tal
como se vio en los testimonios presentados en
este texto, por lo que la víctima es cada vez más
dependiente del agresor y tiende a naturalizar la
violencia.
En consecuencia, revertir la situación tan
dramática que viven las mujeres respecto a los
factores que le obstaculizan para salir de la
violencia en relaciones de pareja, identificados
por informantes clave, queda como una
cuestión pendiente. Desde una perspectiva
de desarrollo y de respeto a los Derechos
Humanos, es necesario que las familias, la
sociedad en su conjunto y el Estado a través de
sus instituciones, unan esfuerzos para enfrentar
y eliminar la violencia de género, porque
es signo de atraso social y causa estragos,
carencias, daños y sufrimiento a las mujeres y
sus familias.
Y es que, si hay un sistema institucional de
protección efectivo, coadyuva a colocar fin al
abuso y a la humillación. “La mujer adquiere
confianza y respeto hacia sí misma, recupera el
control de la propia vida, rescata a los hijos/as
de un entorno de violencia; evita la impunidad
del agresor, recibe protección policial y judicial,
etc.” (Echeburúa y Redondo, 2010, p.107). En
síntesis, la
mujer asume su rol de actora de su
destino, recupera su poder, lo hace consciente,
y en definitiva, lo vive (García, 1994).
En conclusión, se puede señalar que la cultura
patriarcal está enraizada en sus instituciones, en
la sociedad boliviana, tanto en hombres como
en mujeres, obstaculizando la lucha contra la
violencia de género en relaciones de pareja.
Estas se constituyen en entes reproductores
del machismo, reproduciendo representaciones
sociales, que asumen posiciones de sumisión,
servilismo, dependencia afectiva y económica,
por lo que la violencia contra la mujer se ha
naturalizado y se transmite entre los y las
integrantes de la familia, debilitando las redes
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sociales de protección. Por ello, es importante
contribuir a través de la educación y desde lo
cotidiano al desarrollo de prácticas de mayor
equidad entre hombres y mujeres, y al respeto
y ejercicio de los Derechos Humanos de las
mujeres, con la finalidad de mejorar la calidad
de vida de las personas, sin distinción de sexo,
género, raza o religión.
Agradecimientos.
Agradecemos a los y las participantes de
la investigación, a los 6 Servicios Legales
Integrales de la ciudad de Sucre - Bolivia y a las
ONGs, Centro Juana Azurduy y Sayari Warmi.
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Revista Ciencia, Tecnología e Innovación
Gestión 2021 Volumen 19, Número 24 71 - 86
ISSN VIRTUAL: 2708-0315
ISSN de enlace (ISSN-L) Impreso: 2225-8787
Revista Ciencia, Tecnología e Innovación.
Todos los derechos reservados.
Barreras para salir de la Violencia de Género en Relaciones de Pareja:
Percepción desde las Defensorías de las Mujeres.
Ivonné Choque Arando y Andrea Gutiérrez García
Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca
(Bolivia) y Universidad de La Rioja (España)
choque.ivonne@usfx.bo y andrea.gutierrezg@unirioja.es
86
Artículo
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